Jesús diría esto no sólo en el sentido de protección, sino también de respeto, de dedicación, de admiración. «¡Qué alma limpia! ¡Qué alma pura! Yo, Dios, autor y foco de toda la pureza, me contemplo viendo a este niño. Y veo en él un reflejo creado de mí mismo. Yo lo crie para que me mirara y me amara».

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Jesús bendiciendo a unos niños – Iglesia Gesù, Miami (EE. UU.)

 

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