En el Evangelio no se explica cuáles de esas aves fueron ofrecidas. El Espíritu Santo deja sobreentendido de esa forma que no se debe dar preferencia a un medio de vida y excluir otro, pues ambos agradan a Dios.

 

Los versículos de la Sagrada Escritura, siempre sucintos, poseen un océano de significados dentro del cual podemos sumergirnos para conocer las grandiosas maravillas encerradas en tan pocas palabras.

Esta característica la encontramos de una manera muy especial en los fragmentos que describen la vida de la Sagrada Familia. Las inmensas realidades sobrenaturales contenidas en ellos sirvieron de base e inspiración para que numerosos autores de muy elevados quilates pusieran por escrito lo que la gracia les hablaba al alma.

Si juntáramos todo lo que narraron a lo largo de los tiempos ¡cuántas bibliotecas no llenaríamos! Subrayemos, sin embargo, que todavía podrán ser contadas y aclaradas muchas cosas en los siglos venideros, porque con respecto a la vida de Jesús entre nosotros «ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir» (Jn 21, 25).

Detalle de un vitral de la capilla de Nuestra Señora del Buen Socorro, Montreal (Canadá)

Al encontrarnos en el mes de febrero, nos llama la atención especialmente un pasaje: el relato de la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de María Santísima, presente en el Evangelio de San Lucas. Los comentaristas tejen bellísimas consideraciones sobre dicho acontecimiento examinándolo desde los aspectos más diversos, pero en este artículo nos detendremos solamente en un detalle lleno de significado.

La ley ordenaba que los matrimonios más pobres le ofrecieran a Dios, al menos, «un par de tórtolas o dos pichones» (Lc 2, 24) en oblación. Y no es casualidad que estas dos aves fueran las que estaban prescritas.

San Cirilo explica que la tórtola es la más locuaz entre ellas y la paloma la más mansa.1 El Señor quiso simbolizar con ello que Él practicaría en esta tierra la más perfecta mansedumbre y haría resonar su voz armoniosa para atraer al mundo hacia su Corazón misericordioso.

San Beda, por su parte, reflexiona sobre las virtudes que personifican esas aves: la paloma, la candidez; la tórtola, la castidad.2 Si, por desdicha, la tórtola perdiera a su compañera no iría a buscar otra pareja. Desde sus primeros días, Cristo ya quiso manifestar, a través de esos dos animalitos, su predilección por la virtud de la pureza.

También hallamos otro hermoso hecho simbólico: la paloma al ser gregaria representa la vida activa entretanto la tórtola al vivir en solitario evoca la contemplativa; aunque su aislamiento, añadido a su locuacidad, hace de esta última una imagen de la predicación y de la confesión de la fe.3 Ambos medios fueron practicados por el Salvador y conducen, cada uno a su manera, a la santificación de los hombres.

Tórtolas europeas (Streptopelia turtur) fotografiadas en Israel e Inglaterra; en el centro, paloma blanca fotografiada en Inglaterra

San Beda4 destaca también que esos dos animales, por su hábito de gemir, expresan las penas presentes de los santos. La tórtola simboliza las lágrimas ocultas de las oraciones; la paloma, al vivir en bandadas, las oraciones públicas de la Iglesia.

Ahora bien, San Lucas no dice en su Evangelio si fueron tórtolas o pichones los animales ofrecidos a Dios por la Sagrada Familia… De este modo, según San Beda, el Espíritu Santo deja sobreentendido que no se debe dar preferencia a la vida contemplativa sobre la activa y viceversa, pues ambas son igualmente agradables al Creador y todos debemos seguir las dos.5

La Presentación del Niño Jesús en el Templo – Universidad de Nuestra Señora del Lago, San Antonio (EE. UU.)

Tomemos en cuenta, no obstante, que las tórtolas o los pichones ofrecidos por el Niño Jesús, antes de ser entregados al sacerdote, reposaban en las manos del patriarca San José y eran contemplados por la serena mirada de la Virgen María. Esto nos invita a que anhelemos vivir siempre bajo la custodia y el amparo de este santísimo matrimonio, pues así nuestra existencia será, aun pobre en méritos y virtudes, una agradabilísima ofrenda de adoración y alabanza.

 

Notas

1 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO. Catena Aurea. In Lucam, c. II, vv. 22-24.
2 Cf. Ídem, ibídem.
3 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. III, q. 37, a. 3, ad 4.
4 Cf. Ídem, ibídem.
5 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO. Catena Aurea, op. cit.

 

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1 COMENTARIO

  1. Padre pablo muy feliz y agradecida de usted por ser tan especial que conose lo que nos ayuda a refortaleser nuestras almas es están lida persona algundia tendré la dicha divina de darle un fuerte abrazo y nuestros padrecitos tanbien le boy a contar que con la reflexión de las paloma descubrí algo de mi persona yo siempre soñé con las paloma en mi casa luego adiós gracia y ace comdos mese me dio por tener tortolas porque siempre me encantan y todo los día me viene aser su melodía y es hermosa su canción osu susurro medio cuenta quie soy caida medoy cuenta que tengo ago que me ace ser diferente por eso que no tengo lugar en la vida cotidiana con las personas son muy poquito las personas que no pero buenas nuestro señor me las pone enmi camino

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