… por qué el Papa elige un nuevo nombre?
El hombre recibe un nombre cuando nace al mundo por la naturaleza, cuando nace a la gracia por el bautismo, cuando muere al mundo por los votos religiosos y cuando muere a sí mismo en virtud de una vocación que lo confisca por completo.
Abrán pasó a llamarse Abrahán después de que Dios le prometiera una descendencia innumerable (cf. Gén 17, 5). Jacob recibió el título de Israel tras luchar con el ángel del Señor (cf. Gén 32, 29). Simón fue nombrado Pedro por Jesucristo, que le encomendó la misión de ser la piedra de la Iglesia, invistiéndolo como cabeza del Colegio Apostólico (cf. Mt 16, 18). Fue el primer Papa, y el primer Papa que cambió de nombre.
Sin embargo, solamente cinco siglos más tarde habría otro pontífice que recibiría un nuevo nombre. El 2 de enero de 533, el presbítero Mercurio fue elegido Papa. El cadáver del paganismo, muerto por la cruz, aún no se había podrido del todo en ese siglo vi, y era sumamente inconveniente, pues, que el vicario de Cristo fuera designado de la misma manera que el antiguo y falso vicario de los dioses latinos. Mercurio, entonces, al subir al solio pontificio, eligió para sí el nombre de Juan.
Se inauguraba así, en un golpe de ruptura y guerra con el mundo, el cortejo de los Papas que abandonarían sus nombres para identificarse con una misión que los asumiría por completo. ◊
… por qué llamamos Papa al sumo pontífice?
Papa: he aquí el título que los católicos utilizan para referirse a su padre… Sí, padre, en el sentido más estricto y etimológico del término.
Πάππας (páppas) era una de las primeras palabras que balbuceaban los niños de habla griega. Dirigida con efusiones de afecto al padre que los protegía, alimentaba, enseñaba, corregía y guiaba, esta expresión hogareña equivalía a nuestro papá.

Los helenos, convertidos en hijos de Dios y de la Iglesia por el bautismo, enseguida otorgaron su πάππας a los progenitores en la fe, los obispos. Este cariñoso epíteto se aplicó así a todos los príncipes de la Iglesia hasta el siglo vi, época en la que pasó a ser prerrogativa del sumo pontífice romano, el obispo de los obispos y, por tanto, el padre de los padres.
¡Qué maravilla ser católico! Mientras todos los gobernantes del mundo son exaltados por el poder, influencia o riqueza, nosotros tenemos el privilegio de ver en nuestro soberano, ante todo, a un padre. ◊

