Pureza que engendra atracción y amor

La pureza de Felipe, para quien la observa muy a fondo, no es más que otro aspecto de su amor a Dios; y es así siempre nuestra pureza cuando es íntegra, constante y virginal. De hecho, en la vida de Felipe vemos siempre que esta virtud es en él una virtud enteramente del corazón, y como un rayo de amor poderoso que lo invade, pero un rayo que estalla y resplandece. El amor de Dios que hace puro el corazón de Felipe también brilla en el cuerpo y hace pura la actitud de toda la persona, puro el rostro, pura la sonrisa y ante todo la mirada del santo, soberanamente pura cuando centellea a su alrededor. Esta pureza, que procede enteramente del corazón, embellece con una luz suave el semblante ya naturalmente hermoso del santo y le da a menudo ese rubor súbito y casto que es indicio y testimonio del virginal pudor. […]

La grande y transparente pureza del corazón de Felipe sirve aún mejor para explicar su gran amor a los niños, y el de éstos para con él. La infancia es naturalmente casta y, aunque no se da cuenta de que es casta, ama a los castos. Por otra parte, quien tiene un corazón puro se siente particularmente ligado a los niños. Entonces, nada más ver a Felipe, los niños corrían hacia él con gran alegría; y Felipe, con purísimo corazón, los abrazaba, los instruía, los amaba, casi como si se encontrara a sí mismo en ellos. Pero veremos que en todos los estadios de su vida, sobre todo después de la ordenación sacerdotal, se hacía niño con los niños, para atraerlos a Dios; y los niños en la frente serena, en los ojos chispeantes, en la palabra suave de Felipe leían inconscientemente la bondad y la gran pureza de aquel corazón. Se atraían recíprocamente, como el imán y el hierro o como algunas plantas que tienen afinidades y simpatías mutuas. Después de todo, no nos debería sorprender. Al igual que la impureza, que es el más egoísta de todos los vicios y placeres, hace trasparecer el egoísmo en toda la persona y genera aversión, repugnancia y contrariedad, así la pureza, que es un aspecto nuevo de la santa caridad, también trasparece y engendra atracción y amor.

CAPECELATRO, CO, Alfonso.
«La vita di S. Filippo Neri».
Napoli: G. de Angelis e figlio,
1879, t. I, pp. 164-167.

 

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