… que muchos avances científicos se deben a la Compañía de Jesús?
Intrépidos misioneros, eminentes teólogos y hábiles diplomáticos: con la fundación de su obra, San Ignacio de Loyola dotó a la Iglesia de un auténtico cuerpo de élite, ¡repleto de santos! Además, la historia de la Compañía de Jesús está llena de notables científicos. Sería demasiado extenso nombrarlos a todos, así como sus respectivas contribuciones en las más variadas áreas del ámbito científico. Citemos, por tanto, sólo algunos.
En el campo de la astronomía, destacan el P. Chistopher Clavius (1538-1612), director de la comisión que desarrolló el calendario gregoriano —en vigor hasta nuestros días—, y el P. Niccolò Zucchi (1586-1670), a quien se le atribuye la invención y construcción del primer telescopio reflector.
También son dignos de mención el P. Giovanni Battista Riccoli (1598-1671), primer estudioso en determinar el índice de aceleración de un cuerpo en caída libre, y el P. Francesco María Grimaldi (1613-1663), precursor de Isaac Newton en el estudio de la difracción de la luz, quienes juntos lograron elaborar un detallado mapa del relieve lunar. Cabe señalar un dato interesante: al menos treinta y cinco cráteres lunares llevan el nombre de astrónomos y matemáticos jesuitas…
Otros, como los sacerdotes Ruđer Boškovik (1711-1787) y Athanasius Kircher (1602-1680), si bien desempeñaron un significativo papel como astrónomos, brillaron especialmente en otras disciplinas: el primero es conocido como el creador de la física atómica, mientras que el segundo es llamado el padre de la egiptología, debido al impulso inicial que conferirían a esas ciencias. Por la misma razón, la sismología, es decir, el estudio de los terremotos y la estructura interna de la Tierra, se conoció en ciertos ámbitos como ciencia jesuita. ◊
… que Lourdes tiene dueño?
Quien haya visitado la ciudad de Lourdes, en Francia, seguramente se habrá fijado en un castillo medieval que domina toda la región. Sin embargo, pocos conocen su historia y la de su señora feudal. Esta dama se lo conquistó a un pagano llamado Mirat, a principios del siglo IX, con la ayuda de un virtuoso obispo y de un gran emperador.

Carlomagno se encontraba con su ejército en el condado de Horre. Ya había sitiado varias ciudadelas, cuyas débiles tentativas de resistencia sirvieron de poco o nada contra su brazo implacable. La única plaza que aún se sostenía mediante un interminable asedio era Mirambel, pues, además de hallarse en un lugar estratégico, pertenecía a Mirat, un experimentado y valiente guerrero.
El emperador estaba a punto de levantar el cerco, por considerarlo inútil, pero el obispo de Puy-en-Velay intervino, afirmando que convencería a Mirat para que entregara la fortaleza.
Con el consentimiento de Carlomagno, el obispo partió como embajador para iniciar las negociaciones. Tras largas discusiones, el duro corazón del guerrero pagano se ablandó y el prelado le hizo entonces la propuesta que había querido presentar desde el principio: «Puesto que no queréis ceder vuestro castillo al emperador, cedédselo a una Señora incomparablemente superior y más generosa, la Reina del Cielo y de la tierra, María Santísima, Señora de Puy».
Mirat, asumido por la gracia, aceptó y pidió el bautismo, que se celebró poco después en la catedral de Puy. En esa misma ocasión fue armado caballero y eligió el nombre de Lorus, lo que más tarde legó la denominación de Lourdes a su feudo, o mejor dicho, al de la Virgen. A partir de entonces, hasta la Revolución francesa, todos los condes de Horre comenzaron a pagarle un tributo anual, en la misma catedral, a Nuestra Señora.
Por lo tanto, cuando la Virgen se reveló como la Inmaculada Concepción, quiso hacerlo en un lugar del que era oficialmente la Señora feudal. ◊

