Santa Faustina Kowalska fotografiada en 1929

Un día, en el noviciado, cuando la madre maestra me había destinado a la cocina de las niñas, me afligí mucho por no estar en condiciones de cargar con las ollas, que eran enormes. Lo más difícil para mí era escurrir las patatas; a veces, tiraba la mitad de ellas. Al mediodía, durante el examen de conciencia, me quejé al Señor por mi falta de fuerzas. De repente, oí en mi alma estas palabras: «A partir de hoy te resultará muy fácil. Aumentaré tus fuerzas».

Por la noche, cuando vino el momento de escurrir las patatas, fui la primera, confiada en las palabras del Señor. Cogí la olla con facilidad y las escurrí bastante bien. Pero cuando quité la tapadera para que saliera el vapor, en lugar de patatas, vi en la olla ramilletes de rosas rojas, tan bellas que es difícil describirlas. Jamás había visto nada parecido. Me quedé sorprendida, sin entender su significado; pero en aquel momento oí una voz en mi alma: «Tu pesado trabajo lo transformo en ramilletes de las flores más bellas y su perfume sube hasta mi trono».

Desde ese momento, traté de escurrir las patatas no sólo durante la semana que tenía a mi cargo la cocina, sino que trataba de sustituir en este trabajo a otras hermanas durante su turno. Pero no únicamente en este trabajo; en cada tarea pesada procuraba ser la primera en ayudar, pues había experimentado lo mucho que le agradaba a Dios.

Palabras del Señor a Santa Faustina Kowalska,
extraídas de: «Diario», n.º 65.

 

En la foto destacada: Capilla del santuario de la Divina Misericordia – Cracovia (Polonia)

 

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