Orad siempre, sin desfallecer

Mis buenas hijas en Jesucristo, poned en práctica la recomendación que nos dio nuestro divino Salvador, la de «orar siempre, sin desfallecer» (Lc 18, 1).

Pero me preguntaréis: ¿cómo podemos rezar siempre? Os respondo con los sagrados intérpretes y maestros espirituales diciendo que especialmente de tres maneras podemos rezar siempre. En primer lugar, adquiriendo el hábito, es decir, la virtud y el espíritu de oración, porque del mismo modo que se dice, por ejemplo, que una persona es caritativa, porque ha adquirido el hábito, la facilidad, la prontitud para hacer actos de caridad, y los practica siempre que se le presenta la ocasión, así también quien tiene la virtud, esto es, la disposición para rezar cada vez que debe o puede, se dice merecidamente que está siempre en oración, como quiere el Señor, porque tiene en cuenta la buena voluntad. El hábito, pues, y el espíritu de oración asidua se adquieren rezando con frecuencia, pero sobre todo cuando la Santa Iglesia y la regla lo exigen.

De la misma manera, el precepto de rezar siempre se cumple con el uso frecuente de las jaculatorias tan calurosamente recomendadas por todos los maestros espirituales, y con las cuales elevamos la mente y el corazón a Dios y nos unimos a Él.

Por último, la recomendación divina de la oración continua se observa realizando todos nuestros trabajos y acciones con diligencia y por amor a Dios, como nos exhorta el apóstol San Pablo (1 Cor 10, 31). Por eso escribe San Beda el Venerable: «Reza siempre quien obra según la voluntad de Dios». Y San Basilio dice: «Quien obra siempre bien, reza siempre»; y se obra siempre bien cuando tenemos la recta intención de dar gloria a Dios.

DESRAMAUT, SDB, Francis.
Vita di Don Michele Rua,
primo successore di Don Bosco
.
Roma: LAS, 2009, p. 236.

 

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