Diez de mayo de 2025. Frente al santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano (Italia), una multitud de fieles se agolpaba para asistir, conmovida, a la llegada del recién elegido pontífice León XIV, que deseaba visitar el milagroso fresco de María. «Tenía muchas ganas de venir aquí en estos primeros días del nuevo ministerio que la Iglesia me ha confiado, para llevar adelante esta misión como sucesor de Pedro»,1 les dijo a los presentes, tras un tiempo de oración y recogimiento ante la sagrada imagen.
Con esa consagración de su pontificado, el Santo Padre mostró desde el primer momento al mundo su especial devoción a María bajo el título de Madre del Buen Consejo. Esta advocación se hizo muy querida por la Orden de San Agustín a partir del siglo xv, cuando «Nuestra Señora, que estaba en Escútari, en Albania, vino de aquel lejano país hasta Genazzano […]; y por su voluntad, libremente, se entregó y se confió en su santa imagen a las manos de los agustinos».2 Sin embargo, cabe conjeturar que, además de este augusto motivo, otra razón pudo haber atraído al Santo Padre a los pies de la Virgen de Genazzano.
Idónea para aconsejar y guiar a las almas en el cumplimiento de la voluntad de Dios, Mater Boni Consilii no podía dejar de ser la patrona perfecta de los timoneles de la barca de Pedro en medio de las tempestades del mundo. ¿Quién más necesitado de protección, auxilio y dirección que la cabeza visible de la Iglesia? ¿Quién más interesado en obtener de Dios la luz de la sabiduría?
Una prueba de esta realidad es que dicha devoción, aunque poco conocida en nuestros días, fue muy apreciada por numerosos pontífices a lo largo de la historia y, en diversas ocasiones, desempeñó un papel decisivo en el rumbo de la cristiandad.
Primeros honores a la advocación
Tras examinar el papa Pablo II (1464-1471) los hechos referentes a la llegada milagrosa del fresco a Genazzano en 1467 y otorgar el aval oficial de la Santa Sede para esta devoción, Mater Boni Consilii comenzó a actuar en el corazón de la Iglesia. Se sabe, por ejemplo, que Sixto IV (1471-1484) era muy devoto de Ella.
A finales del siglo xv, Alejandro VI (1492-1503) concedió especiales indulgencias a las almas del Purgatorio por cada eucaristía celebrada en la capilla de la Madre del Buen Consejo. Posteriormente, Gregorio XIII (1572-1585) dispuso, además, que el altar del santuario se convirtiera en altar privilegiado3 para misas todos los días del año y para todo el clero.
Nuevos privilegios pontificios
Los pontificados de San Pío V (1566-1572) e Inocencio XI (1676-1689), durante los cuales la amenaza otomana ensombreció los horizontes de la cristiandad y de la Iglesia, estarían marcados por la protección de la Reina del Buen Consejo, como se ha visto en un artículo anterior.4
La victoria cristiana en la batalla de Lepanto y en el asedio de Viena brillaría para siempre en el firmamento de la historia como símbolo de la protección de María Santísima sobre sus hijos. Solemnemente coronada por orden del Santo Padre el 17 de noviembre de 1682 —un gesto con el cual se suplicaba su intercesión por la unidad y la movilización de los soberanos católicos contra los infieles—, la Virgen de Genazzano no desampararía a quienes se ponían bajo su maternal imperio.
Tras tan portentosas manifestaciones del sagrado fresco, era de esperar que la Santa Iglesia terminara honrando aún más su advocación.
En primer lugar, el papa Pío VI (1775-1799) tuvo a bien ofrecer a la Madre del Buen Consejo uno de los privilegios más eminentes que se pueden conceder a una devoción: en 1777, el pontífice otorgó a los agustinos de Genazzano un oficio propio para la celebración de la fecha de la llegada del fresco al santuario, que se recitaría allí el 25 de abril y en toda la orden, el 26 de abril.5 Quedaba instituida así la primera conmemoración de Nuestra Señora del Buen Consejo, fuente de gracias todavía más numerosas, consejos valiosos e inefables auxilios para todos los devotos marianos.
También Benedicto XIV (1740-1758), otro ferviente devoto de la Madonna del Buon Consiglio, concedió la aprobación papal a una notable asociación llamada Pía Unión de Nuestra Señora del Buen Consejo. Se trataba de una liga espiritual de fieles inscritos en el libro del santuario, cuyo objetivo era honrar cada día la advocación con algún acto de piedad, promover en el mundo su devoción y observar con diligencia las inspiraciones conferidas por el fresco para evitar el pecado y agradar a Dios. Tras aprobar la asociación, el propio pontífice quiso inscribirse en ella como primer miembro.6
Además de Benedicto XIV, otros Papas se afiliaron a la pía unión, entre ellos el Beato Pío IX (1846-1878) y León XIII (1878-1903).
Este último, deseando honrar aún más a su Protectora celestial, el 17 de marzo de 1903 elevó el santuario de Genazzano a la categoría de basílica menor; y, para incentivar las almas al amor a la Madre del Buen Consejo, el 22 de abril del mismo año, mediante un decreto de la entonces Sagrada Congregación de Ritos, incluyó la invocación Mater Boni Consilii en la letanía lauretana.7
Un regalo de la Virgen a la Santa Iglesia
Aún en 1903, Nuestra Señora, ciertamente con mayor poder para actuar sobre los Papas debido a los nuevos privilegios con que había sido honrada, hizo sentir de nuevo la eficacia de sus consejos, discretos pero infalibles, en la dirección de la barca de Pedro, esta vez durante el decisivo período del cónclave que siguió a la muerte de León XIII.
Tras la primera sesión en la Capilla Sixtina, celebrada el 3 de agosto de ese año, el cardenal Oreglia di Santo Stefano, decano del Sagrado Colegio, se dirigió al secretario del cónclave, Mons. Rafael Merry del Val, diciéndole seriamente que el número de votos para la elección del patriarca de Venecia, el cardenal Giuseppe Sarto, no dejaba de aumentar, pero que éste se negaba a aceptar el gravísimo cargo. A continuación, le rogó que le preguntara al cardenal por última vez si persistía en su negativa, para guiar, si fuera necesario, los votos hacia otro candidato.

A la izquierda, Capilla Paulina – Palacio Apostólico; a la derecha, San Pío X
Monseñor Merry del Val se dirigió entonces a la Capilla Paulina, donde encontró al cardenal Sarto arrodillado ante un cuadro de la Madre del Buen Consejo. Al acercarse y transmitirle el mensaje del decano, notó que las lágrimas empezaban a correr por su rostro… insistiendo en su rechazo al cargo. Sin embargo, Mons. Merry del Val, por inspiración divina, lo amonestó: «Eminenza, si faccia coraggio, il Signore l’aiuterà» —Eminencia, tenga valor, el Señor le ayudará. El cardenal lo miró fijamente, le dio las gracias y continuó rezando ante la Madre del Buen Consejo.
Unas horas después, finalmente aceptó la voluntad de la Providencia y asumió la cátedra de Pedro. La Santa Iglesia ganó así un celosísimo pastor, uno de sus más valientes luchadores en el turbulento siglo xx: San Pío X.8
Quizá en recuerdo y agradecimiento por las gracias recibidas durante aquellas horas de angustia pasadas en la Capilla Paulina, San Pío X (1903-1914) conservó en su escritorio, durante todo el tiempo de su sufrido y beneficioso pontificado, una imagen de la Madre del Buen Consejo.
La devoción papal llega a nuestros días
Más recientemente, el papa San Juan Pablo II (1978-2005) aconsejó la devoción a la Virgen de Genazzano cuando, en una de sus primeras audiencias generales, el 25 de octubre de 1978, explicaba la necesidad de la virtud de la prudencia: «¿Qué debe hacer, pues, el nuevo Papa para actuar prudentemente? […] Debe orar y procurar tener el don del Espíritu Santo que se llama don de consejo. Y cuantos desean que el nuevo Papa sea Pastor prudente de la Iglesia, imploren el don de consejo para él. Y también para sí mismos pidan este don por intercesión especial de la Madre del Buen Consejo».9
En abril de 1993, el pontífice visitó el famoso santuario de Genazzano, con el fin de impetrar gracias especiales para el viaje apostólico que realizaría a Albania el día 25 de ese mes.10
Su sucesor, Benedicto XVI (2005-2013), inauguró un mosaico de la Virgen del Buen Consejo en los jardines del Vaticano el 11 de julio de 2009. Varias autoridades honraron el acto con su presencia, entre ellas el secretario del Papa, Mons. Georg Gänswein, y el prior de la Orden de San Agustín, el P. Robert Francis Prevost, futuro papa León XIV.11 Benedicto XVI bendijo el mosaico con la intención de que muchos rezaran allí y alabaran la milagrosa advocación.
María guiará, por los Papas, el rumbo de la historia
Auxiliadora y consejera de los Papas, Nuestra Señora de Genazzano siempre ha sabido cumplir a la perfección, a lo largo de la historia, su papel de Madre de la Iglesia, guiándola incólume en medio de las más diversas dificultades y ataques infernales.

El papa León XIV durante su visita a Genazzano el 10 de mayo de 2025
En estos tiempos, marcados por crisis de todo tipo, es ciertísimo que Ella está más atenta que nunca a las necesidades del Cuerpo Místico de Cristo y vela con inconmensurable empeño por el sucesor de Pedro.
Corresponde a León XIV, bajo la protección inefable de la Madre del Buen Consejo, a quien dedica especial devoción, guiar la barca de la Iglesia hacia el puerto de la salvación, sin temor ante las tormentas, a imitación de sus ilustres predecesores. ◊
Notas
1 Vatican News. El Papa León XIV visita el santuario de la Madre del Buen Consejo de Genazzano. In: www.vaticannews.va.
2 De Orgio, Angelo María apud Clá Dias, EP, João Scognamiglio. Mãe do Bom Conselho. 3.ª ed. São Paulo: Lumen Sapientiæ, 2016, p. 293.
3 Por la misa celebrada en un altar privilegiado es concedida indulgencia plenaria en favor del difunto por el que se ofrece el santo sacrificio, si ha fallecido en estado de gracia.
4 «La Consejera admirable», en esta edición.
5 Cf. Dillon, George F. The Virgin Mother of Good Counsel. Rome: Sacred Congregation of the Propaganda Fidei, 1884, p. 421.
6 Cf. Clá Dias, op. cit., p. 275.
7 Cf. León XIII. Ex quo Beatissima Virgo Maria: ASS 35 (1902-1903), 627.
8 Cf. Merry del Val, Rafael. El Papa San Pío X: Memorias. 2.ª ed. Madrid: Atenas, 1954, pp. 3-7.
9 San Juan Pablo II. Audiencia general, 25/10/1978.
10 Cf. L’Osservatore Romano. Papi e santi pellegrini al santuario agostiniano. In: www.osservatoreromano.va.
11 Cf. Valiante, Francesco M. Nei Giardini Vaticani un mosaico della Madonna del Buon Consiglio. In: www.madredelbuonconsiglio.it.

