Doña Lucilia ha evitado situaciones complicadas y resuelto problemas humanamente insolubles, en atención a las súplicas de todos los que piden con fe su intercesión, pues Dios puede realizar ¡lo imposible!

 

Al oír el barullo de la muchedumbre que se acercaba, el ciego empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos de alrededor se asustaron y algunos lo increparon para que se callara. Pero fue en vano, pues el pobre hombre gritaba aún más fuerte… Y como premio de su constancia y confianza en el poder de Dios oyó estas palabras del Señor: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista (cf. Mc 10, 46-52).

Episodios como los de Bartimeo, el ciego de Jericó, se multiplican en nuestros días y por mucho que últimamente se intente exaltar nada más que la ciencia y la técnica, la fe en el poder divino ha obtenido numerosas curaciones tanto físicas como espirituales.

Sí, pese a que el alboroto y el ateísmo del mundo moderno se empeñan en acallar las manifestaciones de fe, numerosos devotos encuentran en la maternal protección de Dña. Lucilia fuerza y coraje para «gritar aún más fuerte» con incesantes súplicas y oraciones.

«Le pedí que me libraran de ese diagnóstico»

Leilane Mara con su hija

Anhelando dar su testimonio sobre ese constante auxilio de Dña. Lucilia, Leilane Mara Portes Alves Carpanez, profesora y psicóloga residente en Juiz de Fora (Brasil), nos narra una significativa gracia recibida por intercesión de esa generosa señora.

Después de haberse casado, en octubre de 2018, su esposo y ella enseguida notaron signos de problemas opuestos a su deseo de tener hijos. Ante una penosa situación en la que sentía muchas molestias, náuseas y malestar general Leilane decidió ir en busca de asistencia médica.

«Al sospechar que se trataba de una endometriosis —enfermedad autoinmune que provoca dolores e infertilidad—, la doctora me recetó algunos medicamentos y solicitó que me hicieran una resonancia magnética para averiguar si hubiera posibles adherencias derivadas de la dolencia. Fue un momento de mucha aflicción, durante el cual le pedí a la Santísima Virgen y a Dña. Lucilia que me libraran de ese diagnóstico; o bien, si tuviera que afrontar esa enfermedad, me dieran fuerzas, porque sola no aguantaría», nos cuenta.

«Ella me amparaba e intercedía por mí»

No pasó mucho tiempo para que Leilane se convenciera de que su petición había sido escuchada:

«Al participar en la Santa Misa, en la hora de la comunión sentí fuertemente que la Virgen me decía: “Quédate tranquila hija mía, estoy cuidando de todo”. Y en tres ocasiones, en lugares y momentos diferentes, encontré una foto de Dña. Lucilia, como si me dijera: “Estoy contigo”. Me sentí acogida, sabiendo que me amparaba e intercedía por mí ante Dios y la Virgen».

Más tarde recibiría una confirmación de que había sido plenamente atendida en sus oraciones: «Cuando menos me lo esperaba, surgió la sospecha de embarazo, lo que  me imposibilitaba hasta de hacer la resonancia magnética ya marcada. Así pues, el mismo día de la cita concertada para la resonancia, me realizaron la prueba de ultrasonido y pude oír los latidos del corazón de mi bebé. Hoy, estoy muy contenta por las gracias recibidas. Incluso habiendo pasado por diversas dificultades al inicio de la gestación, tenía la certeza de que Dña. Lucilia estaba y está conmigo».

«Le supliqué a Dña. Lucilia que interviniera en mi causa»

El Prof. Edson Sampel sujeta su cuadro de Dña. Lucilia

También el Prof. Edson Luiz Sampel, docente de la Facultad de Derecho Canónico San Pablo Apóstol, de la archidiócesis de São Paulo, nos escribe para contarnos dos beneficios más recibidos por intercesión de esa bondadosa señora:

«Necesitaba un certificado del INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social, por sus siglas en portugués). Por diversos motivos, el procedimiento estaba tardando bastante, incluso tras la interposición de un mandamiento judicial. Cuando le supliqué a Dña. Lucilia que, desde el Cielo, interviniera en mi causa, la respuesta vino al día siguiente. Me avisaron de que el INSS expediría pronto el certificado. Más tarde osé pedirle a Dña. Lucilia que la diligencia del referido certificado se produjera lo más rápidamente posible. Resultado: en poquísimo tiempo obtuve la implementación del derecho incontestable que yo había requerido».

«A partir de mañana ya no tendrás fiebre»

Deseando que también otros fueran objeto de la protección de Dña. Lucilia, el Prof. Sampel decidió solicitar su intercesión para conseguir la recuperación de la salud de la novia de su sobrino, que estaba hospitalizada por problemas renales gravísimos y con una fiebre que no disminuía nunca. He aquí su testimonio:

«Mi sobrino me contó que estuvo en el hospital una mujer, empleada y antigua amiga de la familia, homónima de la genitora de Dr. Plinio, que le dijo a la joven lo siguiente: “A partir de mañana ya no tendrás fiebre; quédate tranquila”. Y, de hecho, a la novia de mi sobrino se le quitó la fiebre. Maravilloso, ¿no? Otra Dña. Lucilia le llevó a la joven la buena noticia de la gracia divina».

De manera que el Prof. Sampel se acostumbró a pedirle ayuda a esta maternal señora, invocándola siempre al final de una de las decenas de su Rosario. Pues , como afirma en su artículo Dona Lucilia, mãe de Dr. Plinio, rogai por nós!, publicado en el sitio web de la Sociedad Brasileña de Canonistas, «Dña. Lucilia ofreció amor y solicitud por igual a los que la fustigaron. En el Cielo, amorosamente nos socorrerá a los demás, viandantes que le requieren ayuda».1

«Doña Lucilia, que alguna persona honesta encuentre la cartera»

Roseli Gaviolli, de São Carlos (Brasil), impresionada con la solicitud y rapidez de Dña. Lucilia en atender a su petición, nos da un sencillo testimonio de la gracia recibida el primer día de su novena.

Roseli Gaviolli y su esposo, Marcos

Su marido, Marcos, salió de casa con la cartera llena de dinero, documentos y tarjeta de crédito. Era el día que tocaba pagar las facturas. Entró tranquilamente en el banco y sólo cuando ya estaba en la ventanilla se dio cuenta de que no llevaba la cartera en el bolsillo… ¿Cómo la había perdido? ¿Dónde?

Aturdido al verse privado de toda la cantidad que él y su esposa habían reunido para cubrir los gastos de la familia, regresó por el mismo camino, en un intento poco esperanzado de volver a ver la cartera perdida. Después de buscar mucho y no encontrar nada, telefoneó a Roseli y, casi llorando, le contó lo que le había pasado. Inmediatamente ella le encendió una vela a Dña. Lucilia y le pidió: «Doña Lucilia, haz que alguna persona honesta encuentre la cartera y nos la devuelva».

Mientras tanto, Marcos, sin saber bien qué hacer, se detuvo ante un puesto de la Policía Militar, pensando que era la comisaría, y le dijo al policía que estaba de guardia: «Estoy muy afligido porque he perdido mi cartera. Vengo a poner una denuncia…».

La cartera recuperada

El policía se dispuso a ayudarlo enseguida. Le explicó todos los pasos que debía llevar a cabo, empezando por los dos más urgentes: ir al banco y cancelar la tarjeta de crédito y, a continuación, presentar la denuncia.

«Doña Lucilia lo había resuelto todo de una manera inesperada»

Sin embargo, para aumentar aún más la aflicción de Marcos, nada transcurrió como esperaba. En la sucursal bancaria, después de aguardar un buen rato su turno en la cola, se enteró que para cancelar la tarjeta necesitaba teclear un código…, algo que ni sabía que existía. En la comisaría, idéntica decepción: después de un largo tiempo de espera para ser atendido, le informaron que la denuncia sólo la podía presentar por internet, otra cosa de la que no tenía noción.

Al no encontrar medio alguno de remediar lo ocurrido, que dejaba a su familia en una difícil situación financiera, Marcos volvía a casa desanimado. Entonces, a mitad de camino, recibe una llamada telefónica de su esposa. Llorando de emoción le comunica que la cartera había sido recuperada. ¡Doña Lucilia lo había resuelto todo de una manera inesperada!

Roseli nos describe cómo sucedió: «Un hombre que pasaba por aquella calle cogió la cartera justo antes de que un torrente la mojara. Al llegar a su casa la abrió y leyó en la tarjeta de crédito: Marcos Gaviolli. Se acordó que ya había oído ese nombre y le preguntó a su hija si conocía a alguien que se llamara “Gaviolli”. Ella le respondió que tenía una compañera —que era mi sobrina— con ese apellido y la llamó enseguida; y ésta a su vez se puso en contacto conmigo».

En poco tiempo la cartera estaba de nuevo en las manos del matrimonio, con todo su contenido. Solamente después de la explicación de su esposa, Marcos entendió el motivo por el cual no había conseguido cancelar la tarjeta de crédito ni presentar la denuncia en comisaría, acciones que invalidarían automáticamente todos sus documentos: Doña Lucilia no lo había permitido.

La familia Gaviolli pudo de esta forma constatar cómo Dña. Lucilia está dispuesta a socorrerlos en todo momento, evitando hábilmente cualquier drama o problema en atención a una corta oración dirigida a ella.

Un viaje bajo la protección de una maternal señora

También Natalia da Conceição Oliveira, de Belém do Pará (Brasil), agradecida por la constante protección de Dña. Lucilia, nos escribe para contarnos la gracia alcanzada en una situación de apuro por la que pasó estando de viaje con su familia:

Natalia da Conceição dentro del vehículo con sus hijas

«Fuimos parados en la carretera por una patrulla de la Policía Federal. El agente se acerca y le dice al conductor del vehículo que había cometido una infracción: adelantar rebasando la doble línea continua. Le pidió el permiso de conducir y los documentos del coche. A continuación, le dijo que el permiso estaba en orden, pero la licencia anual del vehículo había caducado. Nos sorprendimos, pues pensábamos que el período de pago aún no había llegado. Entonces le pedimos que lo verificara en el sistema y nos confirmó que, de hecho, había expirado la licencia; luego nos encontrábamos con dos infracciones: adelantar con línea continua y tener los documentos vencidos. El policía se volvió al coche patrulla, probablemente para hablar con su superior».

En esa difícil situación, Natalia no encontró mejor solución que el recurrir a la maternal ayuda de Dña. Lucilia para pedirle que resolviera el problema de las multas y, sobre todo, el de la inmovilización del vehículo. Y nos cuenta cómo fue atendida con prontitud:

«Empezamos a rezarle a Dña. Lucilia y, cuando el policía regresó, lo inesperado ocurrió. Tenía otra fisonomía… Nos comunicó que perdonaría la primera infracción y añadió que podíamos seguir el viaje, pero que cuando llegáramos a nuestro destino, tendríamos que renovar la licencia cuanto antes, pues él estaría haciendo un seguimiento del vehículo para verificar el pago. Nos deseó un buen viaje con una sonrisa en la cara. Continuamos nuestro camino sin multas, sin sanciones, sin nada malo».

*      *      *

De este modo, numerosas almas —a ejemplo del ciego de Jericó— han enfrentado a la «muchedumbre que los increpa para que se callen», «gritando aún más fuerte» ante las aflicciones y dificultades, recurriendo al maternal socorro de Dña. Lucilia. Y esta bondadosa señora ha evitado situaciones complicadas y resuelto problemas humanamente insolubles, en atención a las súplicas de todos los que piden con fe su intercesión, pues Dios puede realizar ¡lo imposible! 

 

Notas

1 LUIZ SAMPEL, Edson. Dona Lucilia, mãe de Dr. Plinio, rogai por nós! In: www.infosbc.org.br.

 

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