¿Sabías…

… qué son los ministerios de lector y acólito?

Sabia y maternal, la Iglesia Católica establece diferentes estados y grados en el servicio del culto sagrado. En esta jerarquía de funciones, ocupan un lugar destacado los clérigos —obispos, sacerdotes y diáconos— que han recibido el sacramento del orden.

Sin embargo, algunos laicos bautizados y confirmados, que sean considerados dignos, pueden ser instituidos en los ministerios de lectorado y acolitado. Minister, en latín, indica un servidor, ayudante o representante; y ministerium, un oficio o servicio.

En la Iglesia de rito latino, esta institución se lleva a cabo mediante un acto litúrgico presidido por el obispo o, en los institutos clericales, por el superior competente. De esta manera, sin ingresar en el estado clerical, pueden desempeñar funciones auxiliares de orden litúrgico-religioso.

Así, al lector le corresponde proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas. Entre otras funciones, puede hacer las lecturas de la Sagrada Escritura, excepto del Evangelio; en ausencia del salmista, recitar el salmo; y, cuando no haya diácono, enunciar las intenciones de la oración de los fieles. Además, le incumbe dirigir el canto, instruir a los fieles para que reciban bien los sacramentos y, cuando sea oportuno, preparar a los que, por encargo temporal, deben leer la Sagrada Escritura durante los actos litúrgicos.

El acólito, por su parte, es instituido para servir al sacerdote y auxiliar al diácono junto al altar. Está autorizado a distribuir la comunión en calidad de ministro extraordinario y, en circunstancias especiales, exponer el Santísimo Sacramento y reponerlo. También le compete la instrucción de los monaguillos y de otros fieles que compongan el séquito litúrgico.

Cabe señalar que todo candidato al diaconado debe ser previamente instituido como lector y acólito. 

 

… que la Santísima Virgen dejó su retrato en Italia?

Cuenta la tradición cristiana que en Rossano, región de Calabria (Italia), un venerable monje del siglo vii, ferviente devoto de la Virgen María, pidió y obtuvo del emperador la autorización para convertir la cueva donde residía en una iglesia dedicada a la Madre de Dios.

María Santísima Achiropita – Catedral dedicada a Ella en Rossano (Italia)

Una vez realizados todos los preparativos para la construcción, el gobernador Filípico encargó que competentes artistas de Bizancio pintaran una efigie de Nuestra Señora en el fondo de la cueva. No obstante, ocurrió algo inesperado: los obreros notaron que la pintura hecha durante el día desaparecía, inexplicablemente, al anochecer.

Molesto, el gobernador designó un vigilante que custodiara la cueva y comprobara qué sucedía allí. Una noche, vio acercarse a una noble Señora, con un blanco vestido, llevando un hermoso Niño en brazos. Encantado, el centinela les permitió entrar al lugar para que pudieran rezar. Al cabo de un rato, el soldado entró en el santuario y cuál no fue su sorpresa al contemplar la imagen de la Señora y el Niño magníficamente estampada en el sitio donde antes los artistas habían trabajado.

Avisado el gobernador, todos corrieron a la cueva y, llenos de admiración, exclamaron: «¡Achiropita!», del griego bizantino αχειροποίητα, es decir, no pintada por manos humanas. Y así quedó designado el retrato: María Santísima Achiropita. 

 

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