Preguntan los lectores

He visto que los sacerdotes, cuando consagran, dejan caer un trocito de la hostia grande en el cáliz. Quería saber qué significa esto según la Iglesia y cuál fue su impresión la primera vez que usted lo hizo.

Javier Acuña Coello – Vía correo electrónico

Este gesto tiene su origen en los primeros siglos de la era cristiana. El rito, inicialmente llamado fermentum, era una expresión de la unidad entre las misas celebradas por el presbítero y por el obispo, especialmente el de Roma, el Papa. Éste, a través de los acólitos, enviaba un fragmento de la hostia consagrada por él para que los sacerdotes lo depositaran en el cáliz por ellos consagrado, manifestando así que se trataba de la misma eucaristía.

Con el tiempo, ese gesto dio lugar a otras interpretaciones, sin perder su significado primitivo de comunión. Pasó a denominarse commixtio, es decir, mezcla del pequeño fragmento de la sagrada hostia introducido por el sacerdote en el cáliz, con el vino consagrado. Su significado espiritual está contenido en la oración que el presidente de la celebración reza en secreto durante la recitación del Cordero de Dios: «El cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna».

Al consagrar aparte la hostia y el vino, la liturgia quiere significar la separación del cuerpo y la sangre de Cristo, o sea, su inmolación, renovada sacramentalmente —de modo incruento— en la santa misa.

Sin embargo, Jesucristo murió y resucitó, y es al Señor resucitado a quien recibimos en la comunión. Por eso, cuando el sacerdote realiza la commixtio, está señalando la resurrección del Salvador y la nuestra, como sugiere la oración mencionada.

Particularmente, no sólo con ocasión de mi primera misa, sino en todas las que he celebrado, la commixtio es un momento de especial intimidad del sacerdote y el Señor sacramentado. 

 

Una persona que ha sido bautizada en una Iglesia evangélica y que, por deseo de su corazón, quiere profesar la fe católica, ¿puede ser bautizada a través del catecumenado?

Lucio Couguil – Vía correo electrónico

Querido Lucio, en el fondo su pregunta sería: ¿el bautismo administrado por otra denominación cristiana se considera válido para la Iglesia católica?

El canon 869 del Código de Derecho Canónico indica claramente que los bautismos conferidos en comunidades eclesiales no católicas pueden ser válidos o inválidos. Por lo tanto, es necesario examinar la materia —agua natural—, la fórmula utilizada —«[Nombre], yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»— y el mínimo de fe exigido para llevar a cabo lo que la Iglesia pretende con el sacramento: la creencia en el misterio de la Trinidad, en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y en el misterio de la Redención.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1256, enseña que «en caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar.

Dada la gravedad del asunto, la Iglesia, en los distintos países, tras un atento análisis, establece en qué comunidades cristianas el bautismo es válido, en cuáles es dudoso y, por último, en cuáles es ciertamente inválido.

Por este motivo, le aconsejo que se dirija al párroco de su parroquia para solicitarle orientación. Si se confirma la validez del bautismo en otra denominación cristiana y la persona es mayor de edad, deberá someterse a un sencillo rito de admisión a la plena comunión con la Iglesia católica.

Además, si está debidamente preparado, también podrá recibir los sacramentos de la eucaristía y de la confirmación.

Por el contrario, si la validez del bautismo es dudosa, el sacramento podrá administrarse bajo condición; no obstante, si se constata su invalidez real, el bautismo se administrará de la forma habitual. 

 

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