La tarea central del sacerdote

Debemos aprender a comprender cada vez más la sagrada liturgia en toda su esencia, desarrollar una viva familiaridad con ella, de forma que llegue a ser el alma de nuestra vida diaria.

Acto en el cual entramos en contacto con Dios

La Iglesia se hace visible de muchas maneras: en la acción caritativa, en los proyectos de misión y en el apostolado personal que cada cristiano debe realizar en el propio ambiente. Pero el lugar donde se la experimenta plenamente como Iglesia es en la liturgia: la liturgia es el acto en el cual creemos que Dios entra en nuestra realidad y nosotros lo podemos encontrar, lo podemos tocar. Es el acto en el cual entramos en contacto con Dios: Él viene a nosotros, y nosotros somos iluminados por Él.

Benedicto XVI.
Audiencia general, 3/10/2012.

Acción sagrada porexcelencia

La liturgia […] contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia. Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina; y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos. […]

Toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.

San Pablo VI.
Sacrosanctum concilium, constitución del
Concilio Vaticano II, 4/12/1963.

Medio por el que se perpetúa el oficio sacerdotal de Jesucristo

Quiso, pues, el divino Redentor que la vida sacerdotal por Él iniciada en su cuerpo mortal con sus oraciones y su sacrificio, en el transcurso de los siglos, no cesase en su cuerpo místico, que es la Iglesia; y por esto instituyó un sacerdocio visible, para ofrecer en todas partes la oblación pura […].

La Iglesia, pues, fiel al mandato recibido de su Fundador, continúa el oficio sacerdotal de Jesucristo, sobre todo mediante la sagrada liturgia. Esto lo hace, en primer lugar, en el altar, donde se representa perpetuamente el sacrificio de la cruz y se renueva, con la sola diferencia del modo de ser ofrecido.

Pío XII.
Mediator Dei, 20/11/1947.

Estar en presencia del Señor: la «profesión» del sacerdote

¿Qué es «ser sacerdote de Jesucristo»? El canon II de nuestro misal, que probablemente fue redactado en Roma ya a fines del siglo ii, describe la esencia del ministerio sacerdotal con las palabras que usa el Libro del Deuteronomio (cf. Dt 18, 5.7) para describir la esencia del sacerdocio del Antiguo Testamento: astare coram te et tibi ministrare. Por tanto, son dos las tareas que definen la esencia del ministerio sacerdotal: en primer lugar, «estar en presencia del Señor».

En el Libro del Deuteronomio esa afirmación se debe entender en el contexto de la disposición anterior, según la cual los sacerdotes no recibían ningún lote de terreno en la Tierra Santa, pues vivían de Dios y para Dios. No se dedicaban a los trabajos ordinarios necesarios para el sustento de la vida diaria. Su profesión era «estar en presencia del Señor», mirarlo a Él, vivir para Él. La palabra indicaba así, en definitiva, una existencia vivida en la presencia de Dios y también un ministerio en representación de los demás. Del mismo modo que los demás cultivaban la tierra, de la que vivía también el sacerdote, así él mantenía el mundo abierto hacia Dios, debía vivir con la mirada dirigida a Él.

Benedicto XVI.
Homilía, 20/3/2008.

Alma de la vida diaria

Pasemos ahora a la segunda expresión que la Plegaria Eucarística II toma del texto del Antiguo Testamento: «servirte en tu presencia». […] Debemos aprender a comprender cada vez más la sagrada liturgia en toda su esencia, desarrollar una viva familiaridad con ella, de forma que llegue a ser el alma de nuestra vida diaria. Si lo hacemos así, celebraremos del modo debido y será una realidad el ars celebrandi, el arte de celebrar. En este arte no debe haber nada artificioso. Si la liturgia es una tarea central del sacerdote, eso significa también que la oración debe ser una realidad prioritaria. […]

Nadie está tan cerca de su señor como el servidor que tiene acceso a la dimensión más privada de su vida. En este sentido, «servir» significa cercanía, requiere familiaridad. Esta familiaridad encierra también un peligro: el de que lo sagrado con el que tenemos contacto continuo se convierta para nosotros en costumbre. Así se apaga el temor reverencial. […] Contra este acostumbrarse a la realidad extraordinaria, contra la indiferencia del corazón debemos luchar sin tregua, reconociendo siempre nuestra insuficiencia y la gracia que implica el hecho de que Él se entrega así en nuestras manos.

Benedicto XVI.
Homilía, 20/3/2008.

Liturgia digna, incluso en comunidades pobres

Que la liturgia sea siempre digna, incluso en comunidades reducidas y pobres de medios; que esté abierta a la participación activa y consciente de los diferentes miembros de la asamblea, cada uno según su rango y vocación; que utilice juiciosamente las diversas posibilidades de expresión autorizadas, sin caer en la creatividad fantasiosa, improvisada o mal estudiada, que las normas no permiten, precisamente porque desvirtuaría su sentido; que la liturgia inicie verdaderamente el misterio de Dios a través de su atmósfera de recogimiento, la calidad de las lecturas y los cantos. […] Hagamos que nuestras misas dejen traslucir el «misterio de la fe» y tengan su atractivo.

San Juan Pablo II.
Discurso, 24/9/1982.

En la celebración debe emerger la centralidad de Cristo

La liturgia no es el recuerdo de acontecimientos pasados, sino que es la presencia viva del misterio pascual de Cristo que trasciende y une los tiempos y los espacios. Si en la celebración no emerge la centralidad de Cristo no tendremos la liturgia cristiana, totalmente dependiente del Señor y sostenida por su presencia creadora. […]

Por lo tanto, no es la persona sola —sacerdote o fiel— o el grupo quien celebra la liturgia, sino que la liturgia es primariamente acción de Dios a través de la Iglesia, que tiene su historia, su rica tradición y su creatividad. Esta universalidad y apertura fundamental, que es propia de toda la liturgia, es una de las razones por la cual no puede ser ideada o modificada por la comunidad o por los expertos, sino que debe ser fiel a las formas de la Iglesia universal.

Benedicto XVI.
Audiencia general, 3/10/2012.

Imagen de la eternidad

En una liturgia totalmente centrada en Dios, en los ritos y en los cantos, se ve una imagen de la eternidad. […] En este contexto os pido: celebrad la sagrada liturgia dirigiendo la mirada a Dios en la comunión de los santos, de la Iglesia viva de todos los lugares y de todos los tiempos, para que se transforme en expresión de la belleza y de la sublimidad del Dios amigo de los hombres.

Benedicto XVI.
Discurso, 9/9/2007.

Un resquicio de Cielo en la tierra

Es realmente grande el misterio que se realiza en la liturgia. En él se abre en la tierra un resquicio de Cielo, y de la comunidad de los creyentes se eleva, en sintonía con el canto de la Jerusalén celestial, el himno perenne de alabanza: Sanctus, sanctus, sanctus, Dominus Deus Sabaoth.

San Juan Pablo II.
Spiritus et Sponsa, 4/12/2003.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Del mismo autor

Artículos relaccionados