La importancia del bautismo

«¡Que mi hijo reciba el bautismo cuando él quiera!». No es raro encontrar esta opinión entre familias de raíces «católicas»…

11 de enero – Fiesta del Bautismo del Señor

Este domingo recordamos el magnífico ejemplo que nos dio Nuestro Señor Jesucristo al ser bautizado por San Juan Bautista en el río Jordán, acontecimiento que atrajo del Cielo torrentes de gracias para la salvación de innumerables almas.

Así como el Padre proclamó: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3, 17), de manera análoga podemos pensar que la misma voz se hace oír en cada bautismo.

Nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «Este sacramento es llamado también “baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tit 3, 5), porque significa y realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual “nadie puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 5)».1

Dado que el sacramento del bautismo es indispensable para nuestra salvación, esa gravísima afirmación del santo Evangelio nos indica cuán nefasta es la idea que circula en algunos ambientes católicos: «¡Que mi hijo reciba el bautismo cuando él quiera!».

¿De dónde surgió esa locura?

Podríamos decir que del mundo, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, que, con sus máximas y malas costumbres, van minando nuestra fe.

A ello se suma la perniciosa influencia de intelectuales y docentes que propagan en muchos centros educativos principios agnósticos y materialistas que, cuando no atacan directamente a la Iglesia Católica, menosprecian sus enseñanzas.

Vale la pena destacar lo que el catecismo nos enseña sobre este baño de regeneración:

«El Señor mismo afirma que el bautismo es necesario para la salvación. Por ello mandó a sus discípulos a anunciar el Evangelio y bautizar a todas las naciones. El bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento. La Iglesia no conoce otro medio que el bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del Señor de hacer “renacer del agua y del Espíritu” a todos los que pueden ser bautizados».2

Pidamos a la Santísima Virgen que los padres de familia católicos, y todos aquellos que tienen la grave responsabilidad de promover este sacramento, lo hagan por amor a Dios y con mucho celo por la salvación de las almas, dejando de lado la «comodidad» espiritual, las ideas heterodoxas y los intereses mundanos. ◊

 

Notas


1 CCE 1215.

2 CCE 1257.

 

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