La hora del holocausto de sí mismo a Dios es la más sublime en la vida de un hombre. En consecuencia, es la hora en la que se dispone a afrontar riesgos supremos por un ideal verdadero y muy elevado. Es el momento en el que se presenta para sufrir todo lo que tiene que sufrir, dispuesto a tambalearse de dolor bajo la cruz, como el Señor, contribuyendo a la realización de la historia y del plan de Dios para la humanidad.

