El poder del Papa, ¿tiene límites?

El romano pontífice tiene la «sacra potestas» de enseñar la verdad del Evangelio, administrar los sacramentos y gobernar pastoralmente la Iglesia en nombre y con la autoridad de Cristo, pero esa potestad no incluye en sí misma ningún poder sobre la ley divina, natural o positiva.

La misión de conservar inmaculada la fe católica

Primordial salud es guardar la regla de la recta fe y no desviarse en modo alguno de las constituciones de los Padres. Y pues no puede pasarse por alto la sentencia de Nuestro Señor Jesucristo que dice: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16, 18), tal como fue dicho se comprueba por la experiencia, pues en la Sede Apostólica se conservó siempre inmaculada la religión católica.

San Hormisdas.
Libellusfidei, 11/8/515: DH 363.

Un compromiso que sería una traición violarlo

Podemos comprender entonces por qué la Iglesia Católica, ayer y hoy, da tanta importancia a la rigurosa conservación de la Revelación auténtica, la considera un tesoro inviolable y tiene una conciencia tan severa de su deber fundamental de defender y transmitir en términos inequívocos la doctrina de la fe. […] La consigna del apóstol Pablo: Depositum custodi (1 Tim 6, 20; 2 Tim 1, 14) constituye para ella un compromiso tal que sería una traición violarlo.

La Iglesia maestra no inventa su doctrina; ella es testigo, guardiana, intérprete, intermediaria; y, en lo que respecta a las verdades propias del mensaje cristiano, se puede decir que es conservadora, intransigente; y a quienes la instan a hacer su fe más fácil, más relativa a los gustos de la mutable mentalidad de los tiempos, responde con los Apóstoles: «Non possumus —No podemos» (Hch 4, 20).

San Pablo VI.
Audiencia general, 19/1/1972.

Custodiar y exponer fielmente el depósito de la fe

No fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la Revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe.

Beato Pío IX.
Pastor Æternus, Concilio Vaticano I,
18/7/1870: DH 3070.

Magisterio conformado a la Revelación

Cuando el romano pontífice o el cuerpo de los obispos juntamente con él definen una doctrina, lo hacen siempre de acuerdo con la misma Revelación, a la cual deben atenerse y conformarse todos, y la cual es íntegramente transmitida por escrito o por tradición a través de la sucesión legítima de los obispos, y especialmente por cuidado del mismo romano pontífice.

San Pablo VI.
Lumen gentium, Concilio Vaticano II,
21/11/1964.

Al servicio de la Palabra de Dios

El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este magisterio, evidentemente, no está sobre la Palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer.

San Pablo VI.
Dei Verbum,Concilio Vaticano II,
18/11/1965.

Poder sujeto a la ley divina y positiva

El romano pontífice tiene la sacra potestas de enseñar la verdad del Evangelio, administrar los sacramentos y gobernar pastoralmente la Iglesia en nombre y con la autoridad de Cristo, pero esa potestad no incluye en sí misma ningún poder sobre la ley divina, natural o positiva.

San Juan Pablo II.
Discurso, 21/1/2000.

Garantía de la obediencia a la Palabra de Dios

El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo.

Benedicto XVI.
Homilía, 7/5/2005.

Vinculado alordenamiento dado porJesucristo a su Iglesia

La denominación de monarca absoluto no puede ser aplicada al Papa tampoco en las materias eclesiásticas, porque está sujeto al derecho divino y vinculado al ordenamiento dado por Jesucristo a su Iglesia. El Papa no puede modificar la constitución que la Iglesia ha recibido de su divino Fundador, como un legislador laico podría modificar la constitución del Estado. La constitución de la Iglesia apoya sus bases en un ordenamiento divino y no puede, pues, estar a merced del arbitrio humano. […]

Como el Concilio Vaticano ha expuesto con palabras claras y comprensibles y como la naturaleza misma de la cosa se manifiesta, la infalibilidad es una propiedad que se refiere exclusivamente al supremo magisterio del Papa; y esto coincide precisamente con el ámbito del magisterio infalible de la Iglesia en general y está vinculado a lo que está contenido en la Sagrada Escritura y en la Tradición, como también en las definiciones ya emanadas del magisterio eclesiástico. Nada, pues, ha cambiado en lo que concierne al gobierno del Papa.

Beato Pío IX.
Respuestas a la circular del canciller Bismarck,
ene-feb/1875: DH 3114; 3116.

Medio para conservar la fe del pueblo cristiano y la unidad de la Iglesia

[Jesucristo] edificó su Iglesia como ciudad santa y la fortificó con sus leyes y sus preceptos. Le confió la fe como un depósito que debe conservar religiosamente y con pureza. Quiso que fuera el bastión inexpugnable de su doctrina y de su verdad, y que las puertas del Infierno no prevalecieran nunca contra ella. Puestos al frente del gobierno y de la custodia de esta santa ciudad, defendamos celosamente, venerables hermanos, la preciosa herencia de la fe de nuestro Fundador, Señor y Maestro, que nuestros Padres nos han confiado en toda su integridad para que la transmitamos pura e íntegra a nuestros descendientes.

Si dirigimos nuestros actos y nuestros esfuerzos según esta regla que nos marca la Sagrada Escritura, y si seguimos las huellas infalibles de nuestros predecesores, podemos estar seguros de que dispondremos de toda la ayuda necesaria para evitar lo que podría debilitar y herir la fe del pueblo cristiano y romper o disolver en cualquier parte la unidad de la Iglesia.

Clemente XIV.
Cum summi apostolatus,
12/12/1769.

Mismo dogma, mismo sentido, misma sentencia

La doctrina de la fe que Dios ha revelado, no ha sido propuesta como un hallazgo filosófico que deba ser perfeccionado por los ingenios humanos, sino entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino, para ser fielmente guardada e infaliblemente declarada. De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la Santa Madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia.

«Crezca, pues, y mucho e intensamente, la inteligencia, ciencia y sabiduría de todos y de cada uno, ora de cada hombre particular, ora de toda la Iglesia universal, de las edades y de los siglos; pero solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, en la misma sentencia» (San Vicente de Lérins. Commonitorium primum, c. xxiii, n.º 3).

Beato Pío IX.
Dei Filius, Concilio Vaticano I,
20/10/1870: DH 3020.

Dóciles oyentes y ministros fieles

El Papa, desde San Pedro hasta mí, su indigno sucesor, es un humilde siervo de Dios y de los hermanos. […] Es el Resucitado, presente en medio de nosotros, quien protege y guía a la Iglesia, y continúa a reavivarla en la esperanza, a través del amor que «ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rom 5, 5). A nosotros nos toca ser dóciles oyentes de su voz y ministros fieles de sus designios de salvación.

León XIV.
Discurso, 10/5/2025.

 

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